Clarissa López es una activista de San Diego que dedica su tiempo a llevar alimentos y apoyo a familias que lo necesitan. Ahora más que nunca, se aferra a seguir ayuando a los demás, tras un posible nuevo diagnóstico de cáncer. Su historia es un poderoso ejemplo de lucha, solidaridad y esperanza.
LEMON GROVE, California. — Cada jueves por la mañana, el estacionamiento de una iglesia en Lemon Grove se convierte en un centro de distribución de alimentos.
Decenas de voluntarios de Todos Somos Migrantes trabajan para llenar cientos de cajas con frutas y verduras frescas que después son entregadas a familias de la comunidad.
Clarissa López suele visitar el lugar y sumarse a esta labor. Aunque no forma parte oficialmente del grupo de voluntarios de la organización, comparte con ellos el mismo objetivo: ayudar a quienes más lo necesitan.
Para Clarissa, ayudar a los demás no es una actividad ocasional. Es una forma de vida.
“Si no naciste para servir, no sirves para vivir. Entonces es algo bonito, algo maravilloso poder servir a la comunidad y servir a otras personas, sin esperar nada a cambio”.
Su solidaridad también nace de su propia historia. Clarissa sabe lo que significa enfrentar dificultades y preguntarse qué habrá para comer al día siguiente.
“Estamos tan ocupados en nuestras vidas o a veces nos volvemos tan egoístas que no vemos la necesidad de otras personas. Entonces yo viví eso, creciendo tres hijos, y fue algo duro, pero no fue imposible”.
Clarissa lleva alrededor de 40 años como activista y además dirige su propia fundación, Unidos Somos Más, desde donde busca ayudar a otras familias que atraviesan momentos difíciles.
Pero su compromiso con la comunidad continúa incluso mientras enfrenta sus propios retos.
Clarissa es sobreviviente de cáncer y actualmente se encuentra bajo estudios médicos. Aunque reconoce que ya no puede realizar algunos de los esfuerzos físicos que hacía antes, ha encontrado la manera de seguir colaborando.
“Soy sobreviviente de cáncer. Ahorita me están haciendo más estudios porque piensan que el cáncer en la matriz… Ahorita no puedo cargar mucho pesado, pero puedo poner las frutas, puedo poner las verduras”.
Y cuando termina la distribución de alimentos, comienza otra parte de su misión: llevar comida directamente a los hogares de personas que tienen dificultades para salir.
Entre ellas está Mary Morales, una mujer de la tercera edad que tiene problemas para caminar debido a las secuelas de la artritis.
“Me trae muchas cosas que me duran mucho tiempo. Me siento muy agradecida porque no puedo salir. Antes podía agarrar el bus, pero ya no”.
Clarissa también lleva alimentos a familias que, según explica, prefieren permanecer en casa debido al temor relacionado con su situación migratoria.
Para quienes reciben su ayuda, su llegada representa mucho más que una caja de frutas y verduras. Es también un recordatorio de que alguien está pensando en ellos.
Y para las mujeres que atraviesan una enfermedad o que están comenzando de cero, Clarissa tiene un mensaje:
“Yo me miro al espejo y digo: yo soy fuerte, soy vencedora. Y superé el COVID cuatro veces y diario me digo: yo puedo y tú también puedes salir adelante”.
Después de décadas de servicio, Clarissa sigue encontrando la manera de ayudar. Incluso cuando ella misma necesita fuerzas para continuar.
Fuente original: Noticias San Diego
14 Sep, 2026

